
A menudo uno tiene la sensación de no saber distinguir lo real de lo ficticio, ¿realmente sabemos si lo que estamos viendo es real o es el reflejo de lo que queremos ver?
Después de siglos de guerras y millones de muertes está por demostrar que las diferentes religiones hayan aprendido que su fe no es la única posible, y sus seguidores deben asumir que es perfectamente legítimo que algunos no comulguemos con ninguna de sus ideas.
Deben aprender a respetar a quienes aún no hemos encontrado la fe que nos suministre el efecto placebo capaz de centrar nuestra atención en el reflejo del cristal, y no en la suciedad del mismo.
Quizás necesitemos creer que alguien o algo todopoderoso vendrá a salvarnos de nuestros constantes errores, eso es más sencillo que intentar buscar el origen de los males en nuestra propia forma de vida, en la sociedad que construimos, o destruimos día a día. Es más fácil buscar en el cristal el reflejo de lo que queremos ver, en lugar de ver lo que realmente hay. Y si alguien es responsable de algo, será juzgado cuando llegue el momento en la otra vida, donde supongo, la justicia funcionará mejor y no estará colapsada como la de aquí abajo.

Las religiones siempre han pretendido que todos pertenezcamos a su “única fe”, esta idea nos trajo las guerras santas, el fanatismo y el totalitarismo, y ahora además tenemos que lidiar con el terrorismo islámico, plagado de fanáticos dispuestos a inmolarse para convencernos de lo interesante que es pertenecer a su selecto club.

Tengo que comprarme unas gafas para eliminar los reflejos que no me dejan ver que la realidad está aquí, delante de mis narices.
servido por mislucesysombras
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Mi primer comentario será sobre las manifestaciones celebradas en todo el mundo contra la Guerra de Irak. El sábado 17 de marzo, un mar de hombres y mujeres nos reunimos para rechazan el horror provocado por la ambición y la ceguera de gobernantes de países “supuestamente desarrollados” como el nuestro. Señores de la Guerra que quizás por unos momentos dejarán de sentirse poderosos y los gritos del horror de las víctimas, madres, padres e hijos inocentes, tronarán en sus cabezas y si las tuvieran, remorderían sus conciencias.

Algunos se creen el ombligo del mundo y piensan que la manifestación de Madrid se hacía exclusivamente contra ellos, por motivos electorales y políticos. Están tan ciegos que son incapaces de entender que salgamos a la calle por una razón tan digna como decir NO a la Guerra, tampoco entienden que nos duelan de igual modo los muertos de aquí y los de allí, o peor aún puede que piensen que las vidas de personas pertenecientes a otras razas, otras culturas, lenguas o religiones, valen menos que las de dentro de sus patrióticas fronteras.
Acudí a la manifestación de Madrid a pesar de llevar 3 días con la fiebre producida por una gripe que me ha tomado cariño, a pesar de que el Ayuntamiento y la Comunidad no reforzaron los transportes públicos y de que nadie nos puso un autocar ni nos dio bocata con refresco.
Acudí a la manifestación con mi mujer y mis hijos y apenas hice fotos porque apenas nos movimos del sitio en que comenzamos la marcha, queríamos estar cerca del escenario para que mi hija Paula de 9 años, pudiera escuchar los manifiestos que leyeron Rosa Regás, Pilar del Río y Olga Rodríguez, este último escrito por José Saramago, (esa tal Sara Mago, a la que se refirió Esperanza Aguirre, siendo nada menos que Ministra de “Curtura”).
Una de las pocas cosas positivas que podemos hacer por este mundo es enseñar a nuestros hijos a sentir empatía con quienes sufren, quise que mi hija fuera consciente de que estábamos allí contra la arrogancia de los poderosos, contra los bárbaros, la injusticia y la sinrazón. Estuvimos allí por quienes sufren en sus propias carnes el zarpazo de la guerra, una guerra injusta, basada en mentiras y ambición.
servido por mislucesysombras
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